domingo, 26 de julio de 2009

Características de la agricultura orgánica

Características de la agricultura orgánica
La diferencia más importante entre la agricultura orgánica y la convencional radica en que los agricultores orgánicos evitan o restringen el uso de fertilizantes y pesticidas químicos en sus prácticas agrícolas, mientras que los agricultores convencionales pueden usarlos extensivamente (Oelhaf 1978). De hecho, los agricultores orgánicos utilizan maquinaria moderna, las variedades de cultivo recomendadas, semilla certificada, manejo perfecto del ganado, las prácticas recomendadas para la conservación del suelo y del agua e innovadores métodos de reciclaje de desechos orgánicos y manejo de residuos.
Los programas de investigación sobre los sistemas de cultivo orgánico fueron muy limitados hasta comienzos de la década de los ochenta . Estudios pioneros realizados por Oelhaf (1978), Lockeretz et al. (1978, 1981), Pimentel et al. (1983) y
USDA (1980) referentes a la agricultura orgánica en Estados Unidos proporcionan la comparación más detallada entre los sistemas agrícolas orgánicos y los convencionales.
Dichos estudios concluyeron que:
1. En los predios orgánicos las cosechas de maíz y soya fueron inferiores a las de los predios convencionales en cerca de un 10% y un 5% respectivamente. En condiciones
de crecimiento muy favorables, las producciones convencionales resultaron considerablemente mayores que las orgánicas. Sin embargo, en condiciones más secas, los agricultores orgánicos obtuvieron resultados similares o mejores que sus contrapartes convencionales. Una vez que se estableció la rotación de cultivo (3 ó 4 años), las producciones de los predios orgánicos comenzaron a aumentar, de manera que se acercaron a las de los métodos convencionales.
2. Los predios convencionales consumieron una cantidad de energía considerablemente mayor que los predios orgánicos, debido más que nada al mayor uso de sustancias petroquímicas. Además, desde el punto de vista del consumo energético, los predios orgánicos fueron mucho más eficientes que los convencionales
3. Muchos predios orgánicos se encuentran altamente mecanizados y sólo requieren
un poco más mano de obra que los predios convencionales. Los requerimientos de mano de obra alcanzaron un promedio de 3,3 horas-hombre por acre en los predios orgánicos y 3,2 horas-hombre por acre en los convencionales. No obstante, de acuerdo con el valor de la cosecha producida, los predios orgánicos requirieron un
11% más de mano de obra, puesto que su producción fue inferior (Lockeretz et al.
1978, 1981). En este estudio, las necesidades de mano de obra de los agricultores orgánicos resultaron similares a las de los agricultores convencionales para el maíz y los granos pequeños, pero mayores para la soya, ya que fue necesario más desyerbe manual. Otros estudios (Oelhaf 1978, Lockeretz et al. 1975) indican que los predios orgánicos generalmente necesitan más mano de obra que los convencionales, aunque de hecho hay excepciones. La cantidad de mano de obra que se requiere para cultivar orgánicamente constituye una limitación crucial para la expansión de algunos predios orgánicos y un importante factor disuasivo para aquellos agricultores convencionales que consideran la posibilidad de adoptar los métodos orgánicos.
De todas maneras, el cultivo orgánico conserva los recursos naturales y protege más el medio ambiente que la agricultura convencional. El aumento de la presión pública en cuanto a la conservación del suelo y agua y la protección del medio ambiente ha generado un aumento del interés mundial por las prácticas de cultivo orgánico.
Se han llevado a cabo estudios y evaluaciones más recientes sobre la agricultura orgánica, entre los cuales se cuentan el informe del National Research Council (NRC
1984) sobre Agricultura Alternativa y el texto de Lampkin (1992) sobre Agricultura
Orgánica. La principales conclusiones del NRC fueron:
1. Los sistemas agrícolas bien manejados casi siempre utilizan menos fertilizantes, antibióticos y pesticidas químicos sintéticos por unidad de producción en comparación con los predios convencionales. El uso reducido de estos insumos disminuye tanto los costos de producción como la posibilidad de efectos ambientales y salubres adversos de la agricultura, pero sin necesariamente reducir (en algunos casos los aumenta) los rendimientos de los cultivos por acre y la productividad de los sistemas de manejo de ganado.
2. Las prácticas alternativas de cultivos por lo general requieren más información, entrenamiento, tiempo y habilidades de manejo por unidad productiva que la agricultura convencional.
3. Muchas políticas gubernamentales desalientan la adopción de sistemas y prácticas alternativas y penalizan económicamente a aquellos que adoptan rotaciones, aplican ciertos sistemas de conservación del suelo o intentan reducir las aplicaciones de plaguicidas.
Sistemas de cultivo
La mayoría de los sistemas de cultivo orgánico incluyen una rotación basada en las leguminosas utilizadas como abono verde o cultivos de cobertura (Parr et al. 1983).
Las pautas para la planificación de secuencias de cultivos en la rotación se basa en la selección de cultivos balanceados que sean:
• Apropiados para el tipo de suelo local
• Cultivados con éxito en el área
• Cosechados fácilmente con equipo disponible
La selección de la proporción deseada de cultivo invierno: verano y la siembra de leguminosas en suelos con baja concentración de nitrógeno son esenciales para una buena rotación . Luego de las leguminosas o el barbecho, se siembran cultivos ricos en proteína. Se toma en consideración la micorriza de cada cultivo en la secuencia, y en regiones templadas se recomienda no volver a cultivar trigo durante 5 ó 6 años en presencia de nemátodos. La práctica usual consiste en alternar un cultivo tipo abono verde con un cultivo que requiera mucho nitrógeno (maíz, trigo, sorgo).
Por ejemplo, en la zona maicera de Estados Unidos, la rotación típica de un predio orgánico consistiría en 3 años de alfalfa, 1 año de maíz (o trigo), 1 año de soya, 1 año de maíz, 1 año de soya y luego nuevamente alfalfa. Las leguminosas forrajeras proporcionan una fuente de nitrógeno fijado biológicamente para el sistema orgánico.
Luego, el forraje se da como alimento a los animales en lugar de comercializarlo directamente, reduciendo de esta manera al mínimo la salida de nutrientes fuera del predio. La productividad del suelo también es incrementada mediante la reincorporación a la tierra del abono animal junto con los rastrojos del cultivo.
Otro ejemplo lo constituye una rotación típica de siete temporadas compuesta por tres temporadas de alfalfa y su incorporación al suelo, seguida de cuatro temporadas de cultivos cosechables: una de trigo, luego una de soya, otra de trigo y finalmente una de avena. Luego, el ciclo puede comenzar nuevamente. En la primera temporada de cultivo, el trigo al crecer absorberá una parte del nitrógeno producido por la alfalfa; la soya, dado que es una leguminosa, agotará mucho menos el nitrógeno del suelo. Se deja la avena para el final del ciclo, porque requiere menos nutrientes que el trigo.

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